Usted, querido ente poseedor de una gran sabiduría y un gran intelecto acompañado de una falsa humildad, provocada por la inevitable sensación de soledad que hace que busqué la manera más fácil de llegar al núcleo de la sensibilidad de las personas y de esta manera dejar que entre en sus círculos.
Usted, amante que no ama porque no puede amar. Sí, usted, que intenta satisfacer hasta en el momento menos satisfactorio.
Usted que se niega, en su rotunda celosía de soledad, a estar conmigo. A reírse de lo que quiere reírse, a escuchar lo que quiere escuchar. Se niega a despertar todos los días al lado mío e impide que mis palabras continúen con insistencia. Se niega apoyado en la certeza de que no puede.
Usted es uno, o todos, o quizá ninguno. Es usted y sólo usted. El que lucha contra la marea para no ir más allá de lo que es, porque si sucede, tal vez todo se termine y no habrá misterio que nos una, no habrá secreto que nos mantenga juntos.
Y nos enojamos, y usted se pregunta porqué lo hacemos, y yo le digo que esta bien que así sea, porque el destino en su calidad de no humano no puede enojarse, entonces nos deja esa parte del juego a nosotros… a mi, que algo se de esos nudos que cortan la respiración.
Soy yo la Señorita que lo puede, con la que no puede, y no me pida que acepte eso… en tanto su respuesta sea la de no poder mientras puede hacerlo.
Usted, amante que no ama porque no puede amar. Sí, usted, que intenta satisfacer hasta en el momento menos satisfactorio.
Usted que se niega, en su rotunda celosía de soledad, a estar conmigo. A reírse de lo que quiere reírse, a escuchar lo que quiere escuchar. Se niega a despertar todos los días al lado mío e impide que mis palabras continúen con insistencia. Se niega apoyado en la certeza de que no puede.
Usted es uno, o todos, o quizá ninguno. Es usted y sólo usted. El que lucha contra la marea para no ir más allá de lo que es, porque si sucede, tal vez todo se termine y no habrá misterio que nos una, no habrá secreto que nos mantenga juntos.
Y nos enojamos, y usted se pregunta porqué lo hacemos, y yo le digo que esta bien que así sea, porque el destino en su calidad de no humano no puede enojarse, entonces nos deja esa parte del juego a nosotros… a mi, que algo se de esos nudos que cortan la respiración.
Soy yo la Señorita que lo puede, con la que no puede, y no me pida que acepte eso… en tanto su respuesta sea la de no poder mientras puede hacerlo.