15 julio, 2010

No entiendo qué estás esperando. Cómo si acá sentada vas a conseguir algo. Cómo si bastara con sólo respirar.
Anda a buscarlo o dejalo ir.
No hay demasiadas opciones.
No hay punto medio entre lo que es y lo que jamás va a ser.
Terminala con ese sarcasmo barato y esa sensibilidad asquerosa y repugnante.
Alguna vez tuviste brillo.
Pero qué estoy diciendo?
Ahora te haces la optimista?
Dejá de buscar problemas, dejá de enredarte con palabras que no tienen sentido. Viví y que lo demás, simplemente, no importe. Porque sabes bien que lo que sucede es porque tiene que suceder.
Dejá a atrás el teleteatro, no llores más. Sabes las respuestas. Sabes lo que te pasa.

“Si esto no cambia, vas a ser una infeliz al lado mio, toda la vida”.
No quiero eso para mi.

30 junio, 2010

Cinco meses.
Cinco.
Ahora puedo decir que todo valió la pena,
Que nada de dolor queda.

16 mayo, 2010

El lado derecho

Estimado, disculpe y espero comprenda que me resulta difícil fingir que todo esta bien sin usted. Porque después de pasar tantas horas a su lado, me es imposible volver a acostumbrarme a la sensación de soledad que me provoca su ausencia. Pues, desde este lugar, ya no hago más que extrañarlo, y pensar en todas las cosas que aún nos quedan por hacer.
E imagino, nos imagino, y nuevamente disculpe la franqueza, ya lo sabe, pero no habrá hombre que me haga sentir lo que usted me hace sentir. Y así esto contenga un alto grado de cursilerías, permítame serle sincera, con el tiempo tendrá suficientes razones para creer y confiar en mis palabras.
Mucho de lo que puedo llegar a decirle, se confirma del lado derecho de la cama, y usted sabe que cuando despierto ahí, mejor dicho, cuando hace que despierte ahí, brota de mí una indescriptible felicidad; además de la completa seguridad de querer compartir el resto de mi vida junto a usted.
Ya está, ya no hace falta negarlo.
Dejas la marca de tus labios en el borde de la copa de vino.
Queda dibujada una versión de tus besos en el cristal de mi cuerpo.

14 abril, 2010

NO me dejes la llave de tus recuerdos
Sólo sabiendo quién fuiste, podes saber quién sos

07 febrero, 2010

A usted le digo: es tan difícil escribir sobre la felicidad cuando uno está feliz, tal vez sea más sencillo hablar desde el sufrimiento, del cómodo lugar del llanto y el vacío de un desamor.
Ya lo dijo el Maestro: “le dije a un amigo ‘soy feliz’ y me dijo que no podía caer más bajo”.

Aunque hablar del desamor, es hablar del amor. Y cuando hablamos de amor, hablamos indirectamente del sabor de un posible desamor. Del miedo que llega con la felicidad.

Y sí, claramente esto se lo debo a usted. Fuerte el echo de deber mi felicidad a un ser humano, tan endeble, tan efímero. Pero, para qué negarlo?

A veces es tan grande ese miedo que prefiero quedarme despierta más tiempo que usted, por todo eso de que despedirse es morir un poco.
Pero hablando de inevitables, no puede evitarse el “chau, cuidate”; aunque nos siga uniendo el fino hilo del “nos hablamos”, como si eso bastara.

Pero, de eso se trata, del constante vértigo de perderlo todo, cuando todo todavía duerme a tu lado. La certeza de una ansiedad que anuncia despedida, una despedida que no deseas que llegue, pero sabes que va a llegar. El terror de no conducir tu propio cuerpo, la ausencia de toda actividad que no sea mirarlo a los ojos, de besarlo, de tocarlo. Porque estaría una vida haciéndolo, si fuera posible. Y en cada uno de mis besos intentar atrasar el mañana, no el futuro, simplemente el mañana.
Provocar mis insomnios, cuando me estoy muriendo sueño, para hacer que la noche dure un poco más.
Estoy mal acostumbrada a escribirle, porque hasta hace una semana usted se había vuelto innombrable de tanto dolor, y tecleaba enceguecida por el entusiasmo de una tristeza, formulándome nostalgias pesadísimas, aunque estuviese consciente de su inconsciencia y su ignorancia hacia mis líneas.

Y de repente me encuentro intentando hablar de su amor, y recuerdo cuando pedía desprenderme de su usted, y hablar a la distancia de una historia romántica que no me perteneciera, que no me doliera, y miré usted, aquel “desvincularme, así un día puedo recordarlo con cariño (con cariño y nada más)”, se hace inabarcable cuando un día es hoy, y no hay separación, hay recuentro, y no hay cariño, hay amor.
Y me rio de lo que no se dice, de lo que no decimos, de lo que nunca voy a decir de usted y de lo que puedo afirmar, porque creame que yo ya lo amaba antes de conocerlo.

03 febrero, 2010

Eso que quiero
eso que pretendo
aquello que conozco
que amo
o no
o si.

No somos razonables
no
lo
somos

Y ahora más
porque somos tres

El atardecer
la noche
el amanecer
el día

Hermosa armonía impredecible

31 enero, 2010

Cuando pensas que tenes todas las respuestas, cuando estas completamente seguro de tus decisiones, cuando estas a punto de hacer algo que te costó mucho tiempo resolver, cuando estas al borde de resignarte, la vida te sorprende y te cambia completamente los planes… Te da vueltas el mundo y lo que tanto esperaste escuchar, ver y sentir, sucede. Así, sin previo aviso. Te arrebata y te deja sin palabras.
Y todo pasa en un solo instante, y cuando te das cuenta (si es que la sorpresa te lo permite) no entendés, y volves a llenarte de preguntas (con sonrisas en la cara), de miedos, de felicidad, y no queres que se termine, porque lo esperaste tanto que deseas que sea eterno.
Te sentís flotar, ahí, cerca, muy cerca del cielo.
Esos son los grandes momentos de la vida.
Son como un despertar, como un nuevo renacer. Están llenos de sorpresas, de belleza, de magia, de ternura, de complicidad, de corazones acelerados, de cosquillas, de sudor en las manos, de nervios, de ilusiones.
Los grandes momentos de la vida, por lo general ocurren más tarde de lo esperado, y hoy entiendo que no hay nada malo en eso, porque las cosas buenas hay que aprender a esperarlas. Porque durante el “mientras tanto” el deseo crece y se fortalece cuando uno se toma el tiempo de desear.
Se trata de un viaje, de un largo y complejo viaje. Un viaje por un camino de introspección, un camino de lucha, de pasiones, de conquistas, de odiseas, de triunfos, de fracasos; hacia un lugar lejano, hacia adentro de mí.
Un lugar lleno de preguntas, de palabras, de silencios. Un espacio de reconocimiento, un espacio en donde estemos a salvo. Un camino que nos lleve a casa.

17 enero, 2010

Dos y media de la tarde. Holmes a punto de ser proyectada. Mi atención puesta en contar la cantidad de parlantes, para alabar a Dolby una vez más.
La forma mecanizada de llevarme pochoclos a la boca me confirmaba tantas cosas.
La Coca-Cola Light hoy era sólo una mediocre Sprite.
No quería tanto espacio, me molestaba profundamente tener ambos apoya brazos disponibles para mi.
Vacías estaban las butacas adjuntas. Y las subsiguientes. Y las posteriores.
Algo no estaba funcionando.
La película había comenzado. El primer travelling no sólo presentaba el inicio de la película, si no también anunciaba que, de alguna u otra manera, iban a llegar a mi una cantidad de recuerdo inevitables.
Es la costumbre? O es entender que ya no es especial si no es en compañía?
Por qué? Si la soledad a veces es necesaria? Si no fui la única en hacerlo.
Por qué si dentro de mi soledad la sala estaba repleta?
No hubo comentarios post proyección.
No hubo comida oriental, no hubo caminata cíclica por el predio.
No hubo beso, no hubo compañía.
No hubo mirada, no hubo silencio.
No es lo mismo sin él.

10 enero, 2010

Usted, querido ente poseedor de una gran sabiduría y un gran intelecto acompañado de una falsa humildad, provocada por la inevitable sensación de soledad que hace que busqué la manera más fácil de llegar al núcleo de la sensibilidad de las personas y de esta manera dejar que entre en sus círculos.
Usted, amante que no ama porque no puede amar. Sí, usted, que intenta satisfacer hasta en el momento menos satisfactorio.
Usted que se niega, en su rotunda celosía de soledad, a estar conmigo. A reírse de lo que quiere reírse, a escuchar lo que quiere escuchar. Se niega a despertar todos los días al lado mío e impide que mis palabras continúen con insistencia. Se niega apoyado en la certeza de que no puede.
Usted es uno, o todos, o quizá ninguno. Es usted y sólo usted. El que lucha contra la marea para no ir más allá de lo que es, porque si sucede, tal vez todo se termine y no habrá misterio que nos una, no habrá secreto que nos mantenga juntos.
Y nos enojamos, y usted se pregunta porqué lo hacemos, y yo le digo que esta bien que así sea, porque el destino en su calidad de no humano no puede enojarse, entonces nos deja esa parte del juego a nosotros… a mi, que algo se de esos nudos que cortan la respiración.
Soy yo la Señorita que lo puede, con la que no puede, y no me pida que acepte eso… en tanto su respuesta sea la de no poder mientras puede hacerlo.