31 enero, 2010

Cuando pensas que tenes todas las respuestas, cuando estas completamente seguro de tus decisiones, cuando estas a punto de hacer algo que te costó mucho tiempo resolver, cuando estas al borde de resignarte, la vida te sorprende y te cambia completamente los planes… Te da vueltas el mundo y lo que tanto esperaste escuchar, ver y sentir, sucede. Así, sin previo aviso. Te arrebata y te deja sin palabras.
Y todo pasa en un solo instante, y cuando te das cuenta (si es que la sorpresa te lo permite) no entendés, y volves a llenarte de preguntas (con sonrisas en la cara), de miedos, de felicidad, y no queres que se termine, porque lo esperaste tanto que deseas que sea eterno.
Te sentís flotar, ahí, cerca, muy cerca del cielo.
Esos son los grandes momentos de la vida.
Son como un despertar, como un nuevo renacer. Están llenos de sorpresas, de belleza, de magia, de ternura, de complicidad, de corazones acelerados, de cosquillas, de sudor en las manos, de nervios, de ilusiones.
Los grandes momentos de la vida, por lo general ocurren más tarde de lo esperado, y hoy entiendo que no hay nada malo en eso, porque las cosas buenas hay que aprender a esperarlas. Porque durante el “mientras tanto” el deseo crece y se fortalece cuando uno se toma el tiempo de desear.
Se trata de un viaje, de un largo y complejo viaje. Un viaje por un camino de introspección, un camino de lucha, de pasiones, de conquistas, de odiseas, de triunfos, de fracasos; hacia un lugar lejano, hacia adentro de mí.
Un lugar lleno de preguntas, de palabras, de silencios. Un espacio de reconocimiento, un espacio en donde estemos a salvo. Un camino que nos lleve a casa.

17 enero, 2010

Dos y media de la tarde. Holmes a punto de ser proyectada. Mi atención puesta en contar la cantidad de parlantes, para alabar a Dolby una vez más.
La forma mecanizada de llevarme pochoclos a la boca me confirmaba tantas cosas.
La Coca-Cola Light hoy era sólo una mediocre Sprite.
No quería tanto espacio, me molestaba profundamente tener ambos apoya brazos disponibles para mi.
Vacías estaban las butacas adjuntas. Y las subsiguientes. Y las posteriores.
Algo no estaba funcionando.
La película había comenzado. El primer travelling no sólo presentaba el inicio de la película, si no también anunciaba que, de alguna u otra manera, iban a llegar a mi una cantidad de recuerdo inevitables.
Es la costumbre? O es entender que ya no es especial si no es en compañía?
Por qué? Si la soledad a veces es necesaria? Si no fui la única en hacerlo.
Por qué si dentro de mi soledad la sala estaba repleta?
No hubo comentarios post proyección.
No hubo comida oriental, no hubo caminata cíclica por el predio.
No hubo beso, no hubo compañía.
No hubo mirada, no hubo silencio.
No es lo mismo sin él.

10 enero, 2010

Usted, querido ente poseedor de una gran sabiduría y un gran intelecto acompañado de una falsa humildad, provocada por la inevitable sensación de soledad que hace que busqué la manera más fácil de llegar al núcleo de la sensibilidad de las personas y de esta manera dejar que entre en sus círculos.
Usted, amante que no ama porque no puede amar. Sí, usted, que intenta satisfacer hasta en el momento menos satisfactorio.
Usted que se niega, en su rotunda celosía de soledad, a estar conmigo. A reírse de lo que quiere reírse, a escuchar lo que quiere escuchar. Se niega a despertar todos los días al lado mío e impide que mis palabras continúen con insistencia. Se niega apoyado en la certeza de que no puede.
Usted es uno, o todos, o quizá ninguno. Es usted y sólo usted. El que lucha contra la marea para no ir más allá de lo que es, porque si sucede, tal vez todo se termine y no habrá misterio que nos una, no habrá secreto que nos mantenga juntos.
Y nos enojamos, y usted se pregunta porqué lo hacemos, y yo le digo que esta bien que así sea, porque el destino en su calidad de no humano no puede enojarse, entonces nos deja esa parte del juego a nosotros… a mi, que algo se de esos nudos que cortan la respiración.
Soy yo la Señorita que lo puede, con la que no puede, y no me pida que acepte eso… en tanto su respuesta sea la de no poder mientras puede hacerlo.