28 septiembre, 2009

Cada tanto es necesario que me repita las mismas palabras que hace unos años, con sus comas, sus dos puntos, sus puntos seguidos y su punto final nunca suspensivo. Armaría la misma escena para darme a entender que le tocaba recordarme su cariño (su cariño y nada más). Llamaría a su portero, él bajaría a abrirme la puerta (sólo esta vez lo esperaría dentro del hall), me saludaría con un beso en la mejilla y esbozarías una sonrisa tímida y precavida. Caminaríamos hasta el ascensor, entraríamos, me miraría al espejo, marcaría el piso 10 y sin más detalles me haría el amor.

Y así fue. Fui testigo de la paradoja más injusta, cruel y maravillosa del mundo. Pude sentir todo su cuerpo en mi cuerpo en el mismo instante en que me disparaba en el medio del pecho.

No podía llorar, no tenía que llorar. Con un nudo en la garganta oía a lo lejos como su boca describía sentimientos. No lograba unir las letras, no podía darle forma a sus oraciones. Para mi nada tenía sentido. Habían pasado 15 minutos del momento más feliz de mi vida y ahora me encontraba escuchando las palabras que jamás hubiera querido escuchar. En mi cabeza resonaban sus frases una y otra vez, mientras sentía su piel pegada a mi piel y su respiración en el cuello.

No podía entender. Hacia instantes que habíamos vivido el milagro más hermoso del universo. Habíamos perdido el control de nosotros mismos, los limites, la noción del tiempo. Nuestros cuerpos se habían mezclado de tal modo qué no podíamos saber quién era quién. Fuimos al cielo y regresamos con vida.

Había muerto y revivido en sus brazos, de la mano de sus besos.

Hasta que empezó a hablar la razón. Una inentendible razón.

17 septiembre, 2009

¿Qué será estar muerto? ¿Qué cosa pasará en ese instante previo a la muerte? Ese segundo antes de dejar de respirar. El corazón deja de un latir y de repente… ¿y de repente qué?

Estar muerto, ¿qué es?

Muchos tuvimos la sensación de sentirnos muertos, sin ganas, sin fuerza, sin nada que te impulse a disfrutar de la vida. Como hoy. Yo hoy me sentí muerta, me levanté mal, triste, angustiada, con entusiasmo sólo para secarme las lágrimas que me brotaban de los ojos. Toda la mañana igual. Miré al cielo y dije: - no, hoy no te fuerza, hoy no quiero seguir adelante, hoy no insistas, porque me siento morir.

Pero hace un rato, me entré que una de las personas que más quiero en el mundo ya no está. Y si, así es la vida (o la muerte) dirán algunos. Pero qué paradoja... yo dejándome morir y él luchando por la vida.

Que egoístas, ciegos, idiotas y básicos somos. Yo sin ganas de levantarme de la cama, y él deseando ponerse de pie para avisar que el corazón le estaba jugando una mala pasada otra vez, pero que esta vez no le iba a poder ganar. Y no le ganó. O si, y por ahí está mucho mejor que nosotros ahora. Pero cómo saberlo.

Que ridícula me siento, llenándome la boca miles de veces con palabras de amor, de paz, de lucha, y hoy no pude conmigo. Quién soy para decir que vale la pena, si ni siquiera hago algo por mí, si dejo que los días me pasen por encima. Si la comodidad de las sabanas hasta el cuello estaba bien para mí. Vergüenza siento. Alguien pasó por al lado mío y me grito en silencio: hace algo por la vida, mujer. Hace que el mundo sepa que vale la pena VIVIR.




- te voy a extrañar muchisimo -

15 septiembre, 2009

Yo, Agata no entiendo cómo se hace. Cómo evitar tener la sensación que el corazón se te va a salir por la boca en cualquier momento? No se puede, yo no puedo.

Esta tan cerca mío, pero tan cerca que no dejo de pensar en las veces que sí pudo cruzar la línea y pasar ese límite de lo debido o lo indebido y lo que sí y lo que no; lo posible, lo imposible; el odio, el amor…

Y dan vuelta en mi cabeza miles de ideas, de supuestos, de variantes, de preguntas, y cambio y modifico las respuestas.

Pienso tanto en él, planifico en mi mente cada cosa que puedo (o no) decirle – y qué no sea una idiotez- pero no. Es inútil, porque cuando lo tengo enfrente mío lo único que quiero es abrazarlo, besarlo y no soltarlo más. Si, así de egoísta.

Lo peor de todo es que estoy completamente segura que a él no le pasa –para nada- lo mismo que a mí. No comparte mis deseos, mucho menos mis ilusiones. Y no entiendo. No puedo comprender como NO puede sentir absolutamente nada… En realidad, como poder puede (y está en todo su derecho) pero francamente es una pena.

Extrañarlo, necesitarlo, genera miles de otros sentimientos en mi… Me hace sentir viva. Es eso de lo que se pierde: sentirse vivo. Y que sea yo la que, por lo menos, con algo de amor pueda contribuir a su felicidad.

Cuando alguien no pensó (jamás) en cambiar su vida, o no tuvo la oportunidad de hacerlo, no tiene nada que reprocharse. Pero alguien que tuvo la felicidad en sus manos y la dejó ir, no puede perdonarse.

No se comprende.

Es muy probable que no sea la mujer que él quiere para su vida y que todo esto (inclusive yo) sea circunstancial. Pero, por qué? Por qué sigue?

Dirán que si tanto me quejo de esto, por qué no hago algo para cambiarlo. Pero qué puedo hacer?

Harta estoy de hacerme la fuerte y la superada. Con qué necesidad? Si no me da pudor ni vergüenza demostrar lo que siento. Será la edad? Soy fiel a eso? Justifico la edad que tengo? NO. Porque se que cuando tenga 80 años voy a seguir siendo la misma compasiva de siempre. Y estoy orgullosa de eso. No me desagrada involucrarme con la gente. Me da vida. Soy Agata acá y en cualquier lado, Agata de 20 años o Agata de 80. Da igual.

No puedo no decir que tiene los ojos más hermosos que ví en mi vida. No son de ningún color particular, raro, esos que parecen cristal, no, no, para nada. Pero están tan llenos de sentimientos. Son marrones, marrón oscuro, como el café instantáneo. Casi imposible de leer, de comprender, como la borra que no deja ese café. Tan especiales. Y no me gusta que use lentes, porque me impide aun más ver más allá de esos oscuros y –según él- elegantes anteojos de sol.

No quiero.

Quiero que me ilumine con esos ojitos que me transpasan el cuerpo. Esa mirada que viene de lejos, de lo profundo. Esas pestañas que me estremecen. Son increíbles. Arqueadas. De muñeco. Lo particular es que la gente no advierte lo mismo, porque no tienen tiempo para detenerse en esos detalles. A mi me gustan los detalles. Dan sentido. Alimentan y enriquecen las historias. Me emocionan…

11 septiembre, 2009

Give

Peace

a

chance





(Demosle una oportunidad a la paz)

08 septiembre, 2009

Una imagen, un olor, un sonido, nos traen una vivencia que sigue latiendo. Va más allá que uno quiera o no, ese recuerdo vuelve sin permiso, sin ser llamado.

Algo que queremos sepultar (olvidar) se nos cuelga de los sentidos y vuelve y está tan vivo como siempre. Porque algo nos dice, algo nos reclama, algo late en esa imagen, en ese aroma, esa música.

Esas evocaciones, esos recuerdos súbitos, esos deseos, son señales que nos sirven de guía, porque cuando sentís nostalgia, quiere decir que algo de lo que vos eras quiere volver, quiere seguir vivo.

Cosas, detalles que nos transportan al pasado, y los ignoramos.

Pero si en vez de ignorarlos, los entendiéramos, y decodificáramos los mensajes que nos mandan conoceríamos mucho más de nosotros y de a poco tirando de esa punta del ovillo llegáramos a la otra punta, a esa palabra que siempre estuvo ahí, que reclama, que irrumpe y quiere ser dicha.

Pasado que se hace presente, porque no puede esperar más…

05 septiembre, 2009

Pueden decirte que no se puede. Pueden decirte que NO… una y otra vez NO.

Que esto es lo que hay y que más allá de esto no hay nada. Sólo un triste desencanto y que es imposible modificarlo.

Que hagas lo que hagas, nada va a cambiar.

Pero sabes, eso es mentira, es falso.

Más allá del desencanto está tu vida, tus sueños y si vos no los haces realidad, alguien los vive por vos. Se adueña de tus sueños, de tu vida.

Mientras que hay bombas que confirman que nada tiene sentido y bombardean a una generación desencanta, acá hay otra generación encantada con la vida y con la realización de sus sueños.

Aveces sueño que escribo.
Otras que escribo que sueño.
Algunas pocas soñando escribiendo,
mientras que escribo que sueño escribiendo
que escribiendo sueño que escribo.

01 septiembre, 2009

Imposible de imaginar.
Impensado.
Soñado.
Parecía de verdad.
Tan real.
Casi creible.

Estaba ahí. Podía verlo. Tocarlo.

Tan suya. Tan mio.