17 enero, 2010

Dos y media de la tarde. Holmes a punto de ser proyectada. Mi atención puesta en contar la cantidad de parlantes, para alabar a Dolby una vez más.
La forma mecanizada de llevarme pochoclos a la boca me confirmaba tantas cosas.
La Coca-Cola Light hoy era sólo una mediocre Sprite.
No quería tanto espacio, me molestaba profundamente tener ambos apoya brazos disponibles para mi.
Vacías estaban las butacas adjuntas. Y las subsiguientes. Y las posteriores.
Algo no estaba funcionando.
La película había comenzado. El primer travelling no sólo presentaba el inicio de la película, si no también anunciaba que, de alguna u otra manera, iban a llegar a mi una cantidad de recuerdo inevitables.
Es la costumbre? O es entender que ya no es especial si no es en compañía?
Por qué? Si la soledad a veces es necesaria? Si no fui la única en hacerlo.
Por qué si dentro de mi soledad la sala estaba repleta?
No hubo comentarios post proyección.
No hubo comida oriental, no hubo caminata cíclica por el predio.
No hubo beso, no hubo compañía.
No hubo mirada, no hubo silencio.
No es lo mismo sin él.