31 julio, 2009


¿Cómo hago para no pensar en que anoche yo domía entre tus brazos?
Mis dedos tienen memoria, y ahí estas, otra vez.
Deseo tanto esos momentos que no puedo creer lo rápido que se van.
¿Por qué reacciono así?
Tengo que disfrutarlo, no me tengo que angustiar. Pero juro que no lo puedo manejar.
Me hace tan feliz. Pero me duele, me duele irme, me duele que se vaya, que termine.
Me duele no saber cuándo lo voy a volver a ver.
Tengo miedo, eso es, estoy muerta de miedo.

19 julio, 2009

Tu indiferencia.

Tu conformidad.

Y tu rareza.
Tu sabiduria, tu belleza.
Mi admiración.
Tu palabra, tu medio, tu llegada, tu andar, tu y tu nada.
Mi intriga.
Tu intriga.
Mi espera.
Tu mirada.
Tu indecisión.

Mi piel, tu piel.
El delirio y el amor.
Tu boca.

Tu mano.

Tu lengua.

Tu ternura.


Tu miedo.
Tu temor.
Tu cautela.
Tu espalda.

Tus piernas.

Tus brazos.

Tus dedos.


Tus pies.
Mis pies.
Las sabanas.



Tu...
Tu.

13 julio, 2009

No puedo hacer como si nada pasara. No quiero dejar de sentirme así. Es tan extraño. Es una mezcla de felicidad absoluta y de un vacío inmenso, a la vez.
Son esas ganas insoportables de verte a cada instante. Es esa rapidez con la que pasa la noche cuando estamos juntos. Es la imprudente fantasía de querer que el amanecer no llegue nunca, mientras estemos ahi...


(Obra: René Magritte)

06 julio, 2009

Reaccionarios. Escuché esa palabra hace un tiempo en la televisión y automáticamente me llevó a una contradicción: reaccionario me suena a alguien que reacciona, que se revela ante algo, pero significa todo lo contrario. Un reaccionario es alguien que quiere que nada cambie. Es un término que se originó como expresión peyorativa para referirse a lo que se opone a la revolución , como sinónimo de contrarrevolucionario.
Ante diferentes situaciones todos reaccionamos de distinta manera, hasta podemos mantenernos sin reacción durante mucho tiempo, pero siempre llega el momento de la revolución.
Revolución es el cambio o transformación radical y profunda respecto al pasado inmediato. Se puede producir en varios ámbitos al mismo tiempo.
Los cambios revolucionarios traen consecuencias trascendentales, han de percibirse como súbitos y violentos, como una ruptura del orden establecido o una discontinuidad evidente con el estado anterior de las cosas, que afecte de forma decisiva a las estructuras. Si no es así, debería hablarse mejor de una evolución, de una transición o de una crisis.
La revolución es una reacción.
Acción, reacción, así avanza el mundo, así cambia la vida. El reaccionario le teme a los cambios. El revolucionario quiere cambiar el orden de las cosas.
Yo creo que uno no puede convivir sin el otro. Para que la historia avance, alguien tiene que proponer el cambio, y alguien oponerse. De esa puja vital surge el cambio; los retrocesos, y los avances. El revolucionario de hoy es el reaccionario de mañana.
Lunes. Yo nací un lunes. Así, en las mismas condiciones que ahora. Con un gris que anuncia la lluvia de invierno. Será por eso que los días como hoy me sensibilizan aun más, y hacen que me largue a escribir con los sentimientos en la yema de los dedos.
Llueve a fuera, pero en mi la calidez aumenta cuando Te pienso. Acompañada del sonido de las gotas cayendo del cielo y alguna música estimulante. Y me pregunto qué otro lugar me corresponde que no sea a tu izquierda, acariciándote mientras te dormís, consciente que no me importaría quedarme así el resto de mi vida; mirándote dormir, cuidando tus sueños en el silencio.
Intento recordar tu respiración agitada, tu boca en mi espalda. Me veo, otra vez, acostada en tu pecho; pero después, después todo es igual.
Quiero convencerme de que talvez es posible, pero no. Me envuelvo en la oscuridad y la fantasía, y no veo más allá de mis recuerdos. No me puedo mentir. Pero tampoco puedo negar que te amo con toda mi alma, y que cada vez que me hablas este cielo gris de hoy, se llena de colores y sonrío. Tal vez responda a una felicidad rara y un tanto infundada, porque no va más allá de 4, 5 o 6 palabras. Un poco de amor y otro tanto de la inconciencia que provoca el estar bien con casi nada (con algo tan efímero), con la consecuente sensación de idiotez que suele acompañar esto. Es ahí cuando uno se da cuenta que es realmente estupido sonreír por tan poco. Ese “poco” que elegiría una y mil veces más.

03 julio, 2009

Enmudecer el cuerpo es imposible. Intentar sostener una situación basada en la razón y auto convencernos de que no existen sentimientos es imposible. Me piden que me olvide, pero… ¿Cómo se olvida? ¿No recordando? ¿Tengo que anular mis sentidos para borrarlo de mi alma?
Sería inútil, porque por más que me quede ciega, sorda y muda, lo voy a seguir recordando.
Por ejemplo, piensen en un elefante rosa. Ahora olvídense de él. Bien. Ahora respondan mi pregunta: ¿De que les dije yo que se olvidaran?
¿Se dan cuenta? Esto también es imposible. Uno no puedo olvidarse de lo que sabe que ya se olvidó.
La memoria no esta en la cabeza, queridos míos. Millones de recuerdos nos hacen ser lo que somos. La memoria se podrá dormir, pero nunca se muere. Todo esta en el corazón, un corazón que sólo con ser estimulado responde a través de los sentidos, con una imagen, un aroma, un sonido.
Si ustedes no pueden olvidarse de un simple elefante rosa, cómo voy a olvidarme yo de todo lo que viví con él.
Podrá desaparecer, dejar de existir, irse lejos. Pero mis recuerdos son sólo míos y evitar amarlo, para mí, es imposible.