Una imagen, un olor, un sonido, nos traen una vivencia que sigue latiendo. Va más allá que uno quiera o no, ese recuerdo vuelve sin permiso, sin ser llamado.
Algo que queremos sepultar (olvidar) se nos cuelga de los sentidos y vuelve y está tan vivo como siempre. Porque algo nos dice, algo nos reclama, algo late en esa imagen, en ese aroma, esa música.
Esas evocaciones, esos recuerdos súbitos, esos deseos, son señales que nos sirven de guía, porque cuando sentís nostalgia, quiere decir que algo de lo que vos eras quiere volver, quiere seguir vivo.
Cosas, detalles que nos transportan al pasado, y los ignoramos.
Pero si en vez de ignorarlos, los entendiéramos, y decodificáramos los mensajes que nos mandan conoceríamos mucho más de nosotros y de a poco tirando de esa punta del ovillo llegáramos a la otra punta, a esa palabra que siempre estuvo ahí, que reclama, que irrumpe y quiere ser dicha.
Pasado que se hace presente, porque no puede esperar más…