Reaccionarios. Escuché esa palabra hace un tiempo en la televisión y automáticamente me llevó a una contradicción: reaccionario me suena a alguien que reacciona, que se revela ante algo, pero significa todo lo contrario. Un reaccionario es alguien que quiere que nada cambie. Es un término que se originó como expresión peyorativa para referirse a lo que se opone a la revolución , como sinónimo de contrarrevolucionario.
Ante diferentes situaciones todos reaccionamos de distinta manera, hasta podemos mantenernos sin reacción durante mucho tiempo, pero siempre llega el momento de la revolución.
Revolución es el cambio o transformación radical y profunda respecto al pasado inmediato. Se puede producir en varios ámbitos al mismo tiempo.
Los cambios revolucionarios traen consecuencias trascendentales, han de percibirse como súbitos y violentos, como una ruptura del orden establecido o una discontinuidad evidente con el estado anterior de las cosas, que afecte de forma decisiva a las estructuras. Si no es así, debería hablarse mejor de una evolución, de una transición o de una crisis.
La revolución es una reacción.
Acción, reacción, así avanza el mundo, así cambia la vida. El reaccionario le teme a los cambios. El revolucionario quiere cambiar el orden de las cosas.
Yo creo que uno no puede convivir sin el otro. Para que la historia avance, alguien tiene que proponer el cambio, y alguien oponerse. De esa puja vital surge el cambio; los retrocesos, y los avances. El revolucionario de hoy es el reaccionario de mañana.
Ante diferentes situaciones todos reaccionamos de distinta manera, hasta podemos mantenernos sin reacción durante mucho tiempo, pero siempre llega el momento de la revolución.
Revolución es el cambio o transformación radical y profunda respecto al pasado inmediato. Se puede producir en varios ámbitos al mismo tiempo.
Los cambios revolucionarios traen consecuencias trascendentales, han de percibirse como súbitos y violentos, como una ruptura del orden establecido o una discontinuidad evidente con el estado anterior de las cosas, que afecte de forma decisiva a las estructuras. Si no es así, debería hablarse mejor de una evolución, de una transición o de una crisis.
La revolución es una reacción.
Acción, reacción, así avanza el mundo, así cambia la vida. El reaccionario le teme a los cambios. El revolucionario quiere cambiar el orden de las cosas.
Yo creo que uno no puede convivir sin el otro. Para que la historia avance, alguien tiene que proponer el cambio, y alguien oponerse. De esa puja vital surge el cambio; los retrocesos, y los avances. El revolucionario de hoy es el reaccionario de mañana.