Lunes. Yo nací un lunes. Así, en las mismas condiciones que ahora. Con un gris que anuncia la lluvia de invierno. Será por eso que los días como hoy me sensibilizan aun más, y hacen que me largue a escribir con los sentimientos en la yema de los dedos.
Llueve a fuera, pero en mi la calidez aumenta cuando Te pienso. Acompañada del sonido de las gotas cayendo del cielo y alguna música estimulante. Y me pregunto qué otro lugar me corresponde que no sea a tu izquierda, acariciándote mientras te dormís, consciente que no me importaría quedarme así el resto de mi vida; mirándote dormir, cuidando tus sueños en el silencio.
Intento recordar tu respiración agitada, tu boca en mi espalda. Me veo, otra vez, acostada en tu pecho; pero después, después todo es igual.
Quiero convencerme de que talvez es posible, pero no. Me envuelvo en la oscuridad y la fantasía, y no veo más allá de mis recuerdos. No me puedo mentir. Pero tampoco puedo negar que te amo con toda mi alma, y que cada vez que me hablas este cielo gris de hoy, se llena de colores y sonrío. Tal vez responda a una felicidad rara y un tanto infundada, porque no va más allá de 4, 5 o 6 palabras. Un poco de amor y otro tanto de la inconciencia que provoca el estar bien con casi nada (con algo tan efímero), con la consecuente sensación de idiotez que suele acompañar esto. Es ahí cuando uno se da cuenta que es realmente estupido sonreír por tan poco. Ese “poco” que elegiría una y mil veces más.
Llueve a fuera, pero en mi la calidez aumenta cuando Te pienso. Acompañada del sonido de las gotas cayendo del cielo y alguna música estimulante. Y me pregunto qué otro lugar me corresponde que no sea a tu izquierda, acariciándote mientras te dormís, consciente que no me importaría quedarme así el resto de mi vida; mirándote dormir, cuidando tus sueños en el silencio.
Intento recordar tu respiración agitada, tu boca en mi espalda. Me veo, otra vez, acostada en tu pecho; pero después, después todo es igual.
Quiero convencerme de que talvez es posible, pero no. Me envuelvo en la oscuridad y la fantasía, y no veo más allá de mis recuerdos. No me puedo mentir. Pero tampoco puedo negar que te amo con toda mi alma, y que cada vez que me hablas este cielo gris de hoy, se llena de colores y sonrío. Tal vez responda a una felicidad rara y un tanto infundada, porque no va más allá de 4, 5 o 6 palabras. Un poco de amor y otro tanto de la inconciencia que provoca el estar bien con casi nada (con algo tan efímero), con la consecuente sensación de idiotez que suele acompañar esto. Es ahí cuando uno se da cuenta que es realmente estupido sonreír por tan poco. Ese “poco” que elegiría una y mil veces más.