11 noviembre, 2009

Un par de letras perdidas por algún lugar que automáticamente te hacen recordar una frase maravillosa: ven a dormir conmigo, no haremos el amor, él nos hará...
De repente te encontras leyendo esos poemas de amor que te acompañaron durante algún insomnio:


Con qué tersa dulzura
me levanta del lecho en que soñaba
profundas plantaciones perfumadas,
me pasea los dedos por la piel y me dibuja
en le espacio, en vilo, hasta que el beso
se posa curvo y recurrente
para que a fuego lento empiece
la danza cadenciosa de la hoguera
tejiédose en ráfagas, en hélices,
ir y venir de un huracán de humo-
(¿Por qué, después,
lo que queda de mí
es sólo un anegarse entre las cenizas
sin un adiós, sin nada más que el gesto
de liberar las manos ?)

Julio Cortázar