13 noviembre, 2009

Nunca nadie me lo había preguntado y con esto reafirmo que las cosas que pensas que pueden pasar, siempre vienen de las personas que menos te imaginas.
Así fue.
Alguien me preguntó qué hacia cuando, basicamente, me rompían el corazón. Le dije que lloraba como una tonta, que no comprendía por qué pasaba y que repetía en silencio, una y otra vez, que no me deje ir, que se de cuenta, que me diga que hacer para ser la ideal...
Después me preguntó si actuaba... le respondí que lo intentaba, pero que mi incondicionalidad no servía, porque era cuestión de pensarlo unos segundo más para darme cuenta que no tiene sentido forzar situaciones. Que uno siempre quiere que el otro quiera lo que uno quiere, pero que toda la gente piensa diferente, por ende, siente diferente.
Actuo con las palabras, pero me cuesta entender que las cosas se dan como se tienen que dar, que hay que dejar ser y que hay una guerra que jamás vamos a ganar... la guerra contra el destino.