Desde el primer instante supe que esto no iba a ser nada fácil. Conocía las reglas del juego, por eso decidí jugar. Intenté hacer de cada encuentro la última partida, pero jamás imaginé que cada vez iba a ser más y más intenso.
La forma perfecta en que nuestros cuerpos se fundían uno con el otro hacía imposible pensar, siquiera, que en algún momento iban a desprenderse.
Incontable las veces que fuimos uno…tan previsible… tan hermoso.
Acurrucada en sus brazos, tratando de hacer eternos todos y cada uno de sus besos.
Porque él y sólo él me hizo sentir única, completa, mujer.
Me contempló, se sorprendió y entendió mis silencios, mis risas, mis miradas, el lenjuage de nuestros pies bajo las sabanas.
No importaba el tiempo, las diferencias, los intereses, nuestras soledades… esta vez la mesa si sirvió para dos.
La forma perfecta en que nuestros cuerpos se fundían uno con el otro hacía imposible pensar, siquiera, que en algún momento iban a desprenderse.
Incontable las veces que fuimos uno…tan previsible… tan hermoso.
Acurrucada en sus brazos, tratando de hacer eternos todos y cada uno de sus besos.
Porque él y sólo él me hizo sentir única, completa, mujer.
Me contempló, se sorprendió y entendió mis silencios, mis risas, mis miradas, el lenjuage de nuestros pies bajo las sabanas.
No importaba el tiempo, las diferencias, los intereses, nuestras soledades… esta vez la mesa si sirvió para dos.