Es inútil intentar describir en palabras lo que se puede crear entre dos personas. Pero también en inevitable buscar un lenguaje (más o menos entendible) y gritarlas al mundo.
Escuché alguna vez que “las cosas pasan por algo”. De acuerdo o no, digo que no tengo la certeza de que haya un destino. No se si el futuro está escrito; si la vida está planificada por algo o por alguien. Si vamos escribiendo nuestra historia a medida que las horas pasan o que es un film que se proyecta una y otra vez por toda la eternidad.
Pero lo que sí se es lo que existe acá, hoy y con él…
Algo que llena cada resquicio de mi mente, cada célula de mi cuerpo, cada centímetro de mi piel. Algo invisible, más fuerte que cualquier cadena. Capas de aguantar y superar cualquier prueba.
“Todas las calles conducen a Roma”, a mi “todos los caminos me llevan a su puerta”. Porque no importa lo que pase, la vida se encarga de acercarme siempre a sus brazos. Porque cuando estoy con él soy más yo que nunca.
Es un amor verdadero, tan verdadero que es doloroso. Tan mágico que es maravilloso. Tan real, como imaginario. Tan especial que no es de este (ni para este) mundo.
¿Habrá sido casual? ¿O la vida o Dios nos tenían guardado este regalo desde siempre?